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Ray G. Jones III
Director de Teología, Formación y Evangelismo

 

Es interesante para mí que el evangelismo, la misma palabra que significa declarar buenas noticias y buenas nuevas, se haya convertido en una palabra sucia. Cuando un ministerio esencial de la iglesia es distorsionado por fanáticos religiosos, y utilizado para juzgar a otras personas para determinar quién está “dentro” y quién está “fuera” de la comunidad de fe, el mensaje de las buenas nuevas se convierte en juzgar y excluir; palabras sucias. La proclamación de las buenas nuevas ya no se percibe como una noticia que valga la pena compartir o escuchar. Para abordar esta situación, las iglesias han desarrollado comités de evangelismo y han buscado formas de capacitar a las personas sobre el evangelismo. Estos comités son formados y se busca capacitar para compartir la fe, para crecer y apoyar a las iglesias en declive, sin dar testimonio de las buenas nuevas.

Si el evangelismo es simplemente una herramienta para atraer más personas a nuestras iglesias, el evangelismo no es una buena nueva. No lo es cuando se usa para enfocarse en un aspecto de fe, como la vida eterna. El evangelismo es una mala noticia cuando se separa de la justicia. El evangelio está destinado a traer esperanza y restauración al mundo. El profeta Isaías pinta un cuadro convincente con palabras de aquellos que traen un mensaje de buenas nuevas:

¡Qué hermoso es ver llegar por las colinas al que trae buenas noticias, al que trae noticias de paz, al que anuncia la liberación y dice a Sión: “Tu Dios es rey!”
(Isaías 52:7, DHH)

La buenas nuevas del evangelio es que Dios nos ama fieramente y está trabajando activamente para reconciliar sistemas, relaciones y vidas rotas; de hecho, toda la Creación.

El problema con el evangelismo es que hemos reducido las buenas nuevas del evangelio para hacer crecer nuestras iglesias e ir al cielo cuando muramos. Ahora, no me malinterprete, el deseo de mi corazón es el crecimiento de iglesias saludables y la promesa de la vida eterna. Sin embargo, las buenas nuevas de nuestra salvación son mucho más amplias. La salvación es el plan de rescate de Dios para la creación. El plan de Dios no tiene nada que ver con las almas que escapan el mundo físico. La salvación tiene que ver con la transformación de vidas, relaciones, comunidades, pueblos, naciones y la creación.

Hemos perdido nuestro camino cuando se trata del ministerio del evangelismo. Proclamar buenas nuevas no puede ser simplemente relegado a la responsabilidad de un comité. Más allá de los esfuerzos de la evangelización de la iglesia, nadie necesita capacitación para compartir las buenas nuevas. Las buenas nuevas fluyen de nuestras bocas como el agua fluye libremente en el arroyo de una montaña. ¿Ha necesitado ir a un taller de capacitación para aprender a compartir las buenas noticias de un cachorro nuevo o un informe de buenas calificaciones?

Hace muchos años estaba orando y discerniendo un llamado a servir a la denominación en el ministerio de evangelismo. Todavía recuerdo las palabras de mi mentor Ben Johnson, diciéndome que no hay forma de capacitar a la gente para compartir noticias que ya no son buenas nuevas dentro de ellas. Continuó diciendo que la formación del discipulado es la clave para dar forma a las personas en la fe, que luego tendrán corazones llenos de buenas noticias para compartir.

Mientras la iglesia está luchando con la pérdida de influencia, la disminución de la membresía y la reducción del evangelio, estamos llamados a involucrarnos de nuevo en el mensaje del evangelio con las buenas nuevas de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Al final de la cristiandad, estamos llamados a pasar de una actitud de “lo que la iglesia puede hacer por mí” a una postura de dar testimonio del evangelio a través de una comunidad comprometida a vivir la nueva vida de Cristo. En su libro “Becoming the Gospel”, Michael Gorman describe la naturaleza esencial del cuerpo de Cristo:

Finalmente, la integridad y el impacto de todo testimonio cristiano depende de la integración del mensaje y la misión. Cuando la iglesia o una persona cristiana predica pero no vive el evangelio, o deliberadamente vive solo una parte de él, incluso tal vez critique públicamente a quienes se enfocan en otras partes, es probable que el testimonio no tenga ningún efecto, o el efecto incorrecto. Sin embargo, mientras la iglesia, por el poder del Espíritu Santo, vive completamente en el evangelio al participar plenamente en la vida de Dios manifestada en Cristo, ofrece un testimonio apropiado y creíble del evangelio. Esto no garantiza de ninguna manera el ‘éxito’, al menos como esto suele ser medido por los humanos, pero aumenta la probabilidad de que aquellas personas que escuchan y ven esta encarnación del Evangelio hayan tenido un encuentro con el Dios vivo. 1

Por lo tanto, el llamado urgente de la iglesia en nuestro tiempo es hacer discipulado. La formación del discipulado requiere que sigamos a Jesús a lo largo de su camino. Mientras nos formamos mutuamente en el discipulado, estamos cuidando y equipando a las personas para el mismo. Estamos equipando a la gente para que se unan a la misión de justicia, liberación y esperanza de Dios. En otras palabras, nos reunimos para dispersarnos. Mientras nos dispersamos, participamos en desmantelar el racismo y erradicar la pobreza como obra de Dios. También, compartimos a lo largo del camino la esperanza que tenemos en Cristo
(I Pedro 3:15–16).

La iglesia es un movimiento del Espíritu Santo. Según los Hechos de los Apóstoles, el Señor resucitado ordenó a los primeros discípulos que esperaran en Jerusalén. El poder vendría sobre ellos y los llenaría con el propósito de dar testimonio de esta forma que cambia vidas. Ese día, el contexto de la actividad del Espíritu Santo fue lo que ocurrió en el templo en Jerusalén el día de Pentecostés, cuando un grupo diverso de personas de todo el mundo conocido se reunieron para adorar
(Hechos 1–2).

El Espíritu Santo trabajó a través de los discípulos y este diverso grupo de personas para que los reunidos escucharan en sus propios idiomas la obra que da vida a Dios en Jesucristo en la celebración de Pentecostés. El Espíritu Santo es el poder por el cual la iglesia da testimonio del reino de Dios. Y debido a este testimonio único, la gente tenía curiosidad por saber cómo estaban escuchando este hermoso mensaje en sus propios idiomas. Pedro presenta audazmente la vida, muerte y resurrección de Jesús dentro de la actividad y misión salvífica de Dios en y a través de Israel. Al escuchar la explicación y ver la transformación de la vida humana, sus corazones se rompen. Se arrepienten y se vuelven a Dios.

El resultado del poder del Espíritu Santo en el quebrantamiento y apertura de los corazones humanos es la encarnación del evangelio en las prácticas de formación. La iglesia primitiva identificó las siguientes cuatro prácticas esenciales que, por el poder del Espíritu Santo, nos transforman en la vida misma de Cristo: se dedicaron a las enseñanzas de los apóstoles, que la iglesia es una comunión diversa, que se dedica a romper el pan y a orar. A través de estas prácticas, el discípulado es moldeado y enviado a unirse a la misión de justicia y esperanza de Dios.

El propósito de estas prácticas es convertirnos en un pueblo peculiar. Nos convertimos en lo que practicamos. Las prácticas dan forma y cambian nuestras vidas. Dios está usando nuestras vidas cambiantes para la transformación del mundo. Cuando las personas vislumbran generosidad, quieren saber más. Cuando se encuentran con una comunión que es diversa y acogedora, desean ser incluidas. Cuando la adoración y la oración se dedican en formas que cambian vidas, las personas se dan cuenta..

Debido al poder del Espíritu Santo obrando a través de estas prácticas, las personas que encontraron la comunidad de fe de la iglesia primitiva les gustó lo que oyeron y vieron, y la iglesia disfrutó del favor de las personas que los rodeaban (Hechos 2:47). La gente deseaba saber más sobre la curación, la justicia y la esperanza que emanan de esta comunidad distintiva. Y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación (Hechos 2:47).

En este recurso, Ud. participará en ocho hábitos que están diseñados para llevarle a un viaje más profundo hacia la fe, la vida de las demás personas, la justicia, la esperanza y la maravilla de Dios. Cuando estos hábitos se forman con el tiempo, nos encontramos con el proceso de nuestros bautismos: morir diariamente a las viejas formas y ser resucitados a la nueva vida de Jesucristo (Romanos 6:4). Las personas que nos rodean anhelan saber que hay personas que harán la justicia de Dios por y con ellos. Hay personas que necesitan amor, esperanza y propósito. Hay personas que luchan bajo el peso de la injusticia racial. Quieren saber que otras ven la injusticia y se unirán a ellas para llevar justicia a nuestros vecindarios y comunidades. Hay personas que han sido rechazadas por la iglesia y otras instituciones por simplemente ser las personas que Dios ha creado. Ellas también necesitan aliados a lo largo de este viaje.

Los siguientes hábitos desarrollan el amor a Dios dentro nuestro, del prójimo y de la Creación: oración, generosidad, sacramentos, adoración, enseñanza, justicia, comunión y bienvenida radical. Con el tiempo, estos hábitos nos cambian, y ofrecen discernimiento y guía para seguir a Jesús a través de las pruebas, estructuras y sistemas de nuestra nación y el mundo. Nos permiten escuchar la voz de Dios sobre todas las otras voces que llaman a ser escuchadas. Estos hábitos hacen que nuestro corazón se rompa y se abra a las necesidades y al dolor de las personas a nuestro alrededor. Estos hábitos proporcionan las palabras de buenas noticias por las cuales damos testimonio y proclamamos. Por el poder del Espíritu Santo, estos hábitos nos permiten dar nuestra vida para que las demás personas puedan vivir.

El evangelismo en el contexto norteamericano del siglo XXI debe experimentarse como un camino de profundización en nuestra fe, en las relaciones que nos rodean y en la misión de Dios de rescate y reconciliación. Este camino de la fe involucra hábitos de formación que cambian nuestras vidas y el mundo que nos rodea. Cuando nos abrimos al amor, la justicia y las personas de Dios que nos rodean, encontramos la reconciliación de todas las cosas y la gracia salvadora de Jesús. La belleza de esta travesía es que este proceso de transformación siempre nos abre a la maravilla de Dios. Y a lo largo del viaje nos damos cuenta de que todas las personas pueden respirar. ¡Toda la gente respirando el aliento de Dios! Esa es una historia que vale la pena vivir y contar.

Estoy agradecido por las voces sabias y diversas que han contribuido a este recurso de evangelización. Su alianza ha sido una hermosa expresión de la bondad y riqueza del cuerpo de Cristo. Mientras lee cada hábito, espero que experimente el Espíritu Santo transformándoles, como también al mundo que le rodea. Nuestra oración es que este recurso profundice el amor de Dios en Ud., que los hábitos cambien nuestras vidas y que siempre valga la pena compartir las buenas nuevas.

Mi reflexión final es una oración para ustedes y la iglesia:

Pido en mi oración que su amor siga creciendo más y más aun, que Dios les dé sabiduría y entendimiento, para que sepan escoger siempre lo mejor. Así podrán vivir una vida limpia, y avanzar sin tropiezos hasta el día en que Cristo vuelva; pues ustedes presentarán una abundante cosecha de buenas acciones gracias a Jesucristo, para honra y gloria de Dios.
(Filipenses 1:9-11, DHH)

1. Michael Gorman, Becoming the Gospel (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2015), p. 317.